jueves, 20 de agosto de 2009

Entrevista a Rodolfo Araya

Por Kimberly Mata Valverde
Los años no se ven pasar por este hombre desde que lo recuerdo es el mismo. Siempre tan sencillo y humilde viajando en bus y saludando a las personas con gusto. Con esos ojos profundos que delatan un ser humano noble y esa boca delgada que sabe recrear a infinidad de personajes utilizando tonos de voz distintos. Vestía una camisa azul, jeans y unas sandalias café, cómodas y justas para el clima caluroso del medio día del sábado. Más que una entrevista hablar con don Rodolfo es una plática fluida y muy amena. Quién crea que se va a encontrar con el amargado y grosero hombre que interpreta cada viernes por la noche en la serie “La Pensión” no está cerca de la esencia de este caballero. Araya no ahorra palabras, lo cual es una gran ventaja. Descubrí al finalizar la entrevista que quién guiaba y asesoraba cada decisión de don Rodolfo durante su juventud, era su padre. Cada vez que comentaba de alguna situación que le tocaba abandonar o empezar, estaba ligada a la opinión de su progenitor.
Me dejé llevar por el impulso de visitarlo en su casa ubicada en Villas de Ayarco. Sin cita previa le pedí que me concediera un poco de su tiempo. Con su enorme sonrisa me aseguró que dentro de media hora me podría atender por que iba camino a la feria, entendí y volví cuando él me lo sugerió.
Me atendió en lo que él llama la bodega de su casa. Está junto a la pulpería que tiene dentro de su propiedad. Es un lugar pequeño y lleno de cosas: había una mesa con una televisión, muchos periódicos y facturas de los distribuidores de su pulpería. Había dos sillas de frente las cuales utilizamos para la entrevista. Tenía una moto detrás de mi asiento y al lado un sofá grande y rojo.
Inicié la conversación preguntandole en qué lugar estudió actuación. Me comentó que fue por una casualidad ya que él cursaba el cuarto año de colegio y paralelo a eso se estaba iniciando en Costa Rica una novela en canal 4 y su papá que era actor y estaba involucrado en la producción, le preguntó si quería participar, ya que ocupaban un muchacho de la edad de él. Hizo la prueba y se quedó con el papel. Participó un año en la conocida novela El Diario de una Niña.
--Terminó la novela y el director me dijo que quería conseguirme una beca para irme a estudiar artes dramáticas en Alemania, pero yo le dije espéreme un año a que yo saque el bachillerato. Me dice tranquilo anda. Cuando saqué el bachillerato me vine a buscarlo y se había ido del país. Entonces hay murió el asunto.
Años después se matriculó en el Taller Nacional de Teatro alentado por su progenitor.
Le dí una ojeada a las preguntas que tenía apuntadas en mi libreta azul y pequeña. Continué ¿Considera usted que estudiar actuación en Costa Rica es una profesión que permita realizarse como persona a nivel económico, social y personal?
-- Mira personalmente sí, económicamente no, no da para vivir de eso. Por ejemplo, todos los actores de La Pensión tenemos dos trabajos mínimo, por que no alcanza para vivir. Fíjate que si hubiéramos nacido y estuviéramos trabajando en Estados Unidos seríamos millonarios todos haciendo lo mismo, pero nos tocó nacer en Costa Rica
Su papá era actor y eso no fue lo que decidió el destino de don Rodolfo, él nunca imaginó terminar en el mundo del arte. Su verdadero sueño era ser piloto.
--No lo cumplí por que un tío mío se paseó en mi carrera. Íbamos para una finca mi tío, mi papá y yo. Y mi papá le contó, era un fin de semana, y le contó: fíjate que el lunes empieza Rodo a estudiar aviación a entonces le dijo a que bonito y ya le compraste el ataúd. Y lo agarró y mi tata callaba. Cuando llegamos a la casa me dijo Rodo te pago la carrera que quieras menos aviación y ya se paseo en mí.
Su rumbo dio un giro de 380 grados cuando Alfredo Catania confió en su talento, a sus 23 años lo invita a participar en Historias para ser contadas, de Osvaldo Dragún. Significando un hecho importante en su carrera de actor.
-- Mira fue mi primer trabajo profesional en teatro, por que el que había hecho anteriormente fue en televisión y fue importantísimo por que fíjate que de casualidad uno de mis maestros fue Oscar Feslerd…
Justo estaba calentando con las preguntas cuando por una puerta entró Susan, la esposa de don Rodolfo, pidiéndole ayuda en el negocio, ya que era hora de almuerzo y estaba el lugar lleno. Inmediatamente él aseguró con tono serio que no podía asistirle, su esposa insistió. Tuve que decirle que no había problema, yo podía esperar. Don Rodolfo me ofreció encender el televisor mientras tanto, le agradecí pero le dije que me iba a encargar de unos apuntes.
Cuando volvió le refresqué la pregunta y el continuó hablando.
-- Eran cuatro historias, entonces hacía diferentes personajes y además de presentarnos en la sede en San José en el Teatro Carpa, anduvimos viajando por todo el país y en Nicaragua. Dábamos funciones a la salida de misa y en diferentes lugares y pasábamos un sombrero para que nos echaran monedas y con eso cargar el carro de gasolina para ir a otro lugar
Me comentó que la obra que más le gustó y en la que participó fue (un poco dudoso de su respuesta) la Fiaca, que se hizo en el Teatro la Carpa.
Luego retoma lo del maestro Oscar Feslerd, frase que me dejó inconclusa por ir a colaborarle a su mujer en el negocio.
-- Pero lo que te estaba contando era que Oscar Feslerd era francés, ya murió. Él me estaba formando a mí en Costa Rica junto con mis compañeros y el de casualidad había formado en Argentina a todos los Catania con las técnicas de Constantin Stanislavski.
Entonces cuando Alfredo me llamó nos entendimos perfecto de tu a tu por que era la misma escuela y el mismo maestro.

¿Cómo llegó a La Pensión?

-- Me llamaron para una navidad a mi casa, Oscar Castillo y me dijo: Mira Rodo el año entrante empezamos a filmar una serie y yo quisiera que me hicieras uno delos personaje pero necesito dos días enteros para grabar y un medio día para análisis del capítulo que sigue. Necesito saber ya si podes o no por que aquí tengo la periodista de La Nación y tengo que darle el dato. Yo lo pensé rápidamente y me dije sí yo puedo acomodarme inmediatamente me dijo tómalo como regalo de navidad y nos hablamos en enero.
Yo nunca supe cuál era la serie, ni que personaje, nada. Al día siguiente me llamaron de La Nación que si podía ir para tomar unas fotos entonces fui y cuando llegué me encontré con Manolo y con la que hacía de Bruja a principios de la serie. En eso salió la periodista y me dice: ¡Hay usted es don Pedro! --Cómo don Pedro-- Sí sí en la serie pase vamos a tomar las fotos.
Tuve que preguntarle a ella de que trataba la serie y empezó a contarme ella de qué trataba la serie y como era el personaje mío. Y claro cuando ya me reuní con toda la gente y Oscar en enero, me contaron claramente, me dieron el perfil del personaje.
Don Rodolfo comentó que su personaje ¨don Pedro¨ tuvo una infancia muy solitaria. Con una madre castrante y un padre amoroso. Es un personaje con muy buenos sentimientos pero además es demasiado rígido, muy recto, muy peleón y en cierto modo es como un cáscara que el pone para que no se le arrimen mucho.
¿Cuál es la receta para qué el programa tenga el éxito que tiene reflejado en estos 11 años, transmitido en horario estelar y un viernes?
-- Yo creo que son varias cosas: primero que se logró unir el grupo de actores idóneo, por que todos estamos más o menos al mismo nivel en cuanto a calidad de actuación. Luego los guionistas son excelentes imagínate lo que es escribir una obra por semana durante 11 años sin repetir, es que son genios.
Dos historias muy diferentes y dos caracteres opuestos las de don Pedro y don Rodolfo, ¿en qué punto se encuentran estos dos seres humanos?
Se queda un poco impresionado por la pregunta – Y que difícil por que la verdad es que don Pedro es totalmente otra cosa de lo que soy yo—Piensa unos segundos y continua con su respuesta: –Lo único es que soy yo en los dos. Inmediatamente suelta su acostumbrada risa
Don Rodolfo comenta que la gente se le acerca, lo saluda con gusto y hasta lo abrazan, a pesar de que su personaje no es muy agradable y como él mismo dice: –el personaje que hago yo es bien feo, es un hombre que yo no lo quisiera en mi casa, es terrible y le hace la vida imposible a todo el mundo.
En este momento le advertí que pasábamos a preguntas de su vida personal y él como todo el caballero que es solo me contestó con su enorme sonrisa y dejó que yo prosiguiera con las preguntas.
¿Cuál es su fecha de nacimiento?
--26 de abril (hace una pausa de varios segundos) de 19 tarataraatara
Se ríe a carcajadas y le insisto para que me diga en qué año nació… termina de reírse y me dice 50.
Leí que en un momento usted quiso ser sacerdote ¿cuál fue el detonante para que eso sucediera?
-- Mira me entró una cuestión espiritual cuando yo estaba en primer año de colegio, en el Don Bosco con los padres Salesianos. Y me gustó mucho la forma en que nos educaban y toda la cosa. Por ejemplo todos los días en la mañana antes de entrar a clases teníamos misa. Y en la tarde todos los días antes de irnos para la casa teníamos oraciones en la iglesia. Además de eso se celebraban todas las cosas que se celebran en la iglesia durante todo el año.
Y me fui metiendo en una cuestión espiritual muy fuerte. Estuve pulseándola dos años para irme al Seminario Mayor en El salvador, pero mi papá me pidió un año más de prueba y cuando ya estaba en el segundo año y le aseguré que me quería ir me dijo: mira Rodo yo prefiero tener un ciudadano común y corriente a tener un hijo sacerdote que no vaya a servir yo sé que a vos te gustan las mujeres. Entonces vamos a hacer la última prueba y si la cumplimos te lo prometo que te vas. Te voy a cambiar de colegio te voy a poner en uno mixto.
Me pasaron al Rodrigo Facio y además ese año compré moto. Entonces mi vida cambió totalmente. Yo me iba a la salida de los colegios de mujeres, me hice de novia, no volví a misa. (Sonrió como si estuviera satisfecho de haber optado por la vida de ser un ciudadano sin sotana) O sea mi vida cambió.
Y ahora ¿es practicante de la fe católica?
-- Sí pero de una manera diferente a la mayor parte de la gente. Sí creo en Dios (dejó la sonrisa de lado y se puso serio para decirme esto) pero rarísima vez voy a misa. Yo siento que para comunicarme con Dios lo puedo hacer aquí o en cualquier lugar no tengo que ir a meterme a la iglesia. Y me molesta la gente que es necia… no soporto a esa gente… los que tratan de convencerlo a uno verdad.
Luego de saber si era practicante de lo que un día deseó con todas sus fuerzas pasé a pregunterle cómo iba eso de ser abuelo. Con un tono nostálgico y un poco más pausado empieza a contarme que fue un golpe fuerte, por que como fue noticia a nivel nacional, él iba por la calle y un vendedor de chances le gritaba ¡bien abuelo! -- Y yo pensaba cómo abuelo qué es esto!! Era como que no lo entendía y en cierto modo me chocaba que me digieran abuelo, yo no me sentía tan viejo.
Deja escapar su risa por el final de su comentario y continúa hablando.
-- Ya después cuando las chiquitas empezaron a crecer, por que quedaron cuatro, el varón se murió. Entonces yo le pedí a mi hija que por favor nunca dejara que sus hijas me digieran tito. Todo el mundo es tito en este país, yo le dije yo soy abuelo. Cuando yo llego y ellas dicen abuelo me gusta el sonido (deja escapar una sonrisa)
Don Rodolfo se casó hace 23 años con Susan Cedeño. Tiene 3 hijos: Luis Diego que tiene 22 años estudia y trabaja. Silvia es la mayor la de los bebés y el menor se llama Jorge, tiene 9 años y está en la escuela.
Y detrás de don Pedro…
Nombre: Rodolfo Araya
Estado civil: casado hace 23 años
Hijos: 3, dos hombres y una mujer.
Profesión: administrador de empresas y actor profesional.
Pasatiempos: la lectura y ver documentales
Obra de teatro favorita: La Fiaca.
En una entrevista que le realizó el periodista Ronald Díaz hace 4 años, usted se describe como alguien jovial de lo que no me queda la menor duda, pero también agregó que es tímido ¿Puede explicarme eso?
-- Mira es curiosísimo por que cuando yo estoy en el escenario a mí no me importa que hayan 100 o 500 personas sentados frente a mí, yo hago el personaje y lo desarrollo.
Pero por ejemplo si yo salgo del teatro y si todavía queda gente me siento horrendamente mal, entonces lo que hago es que paso disparado, saludo a una o dos personas de lejos y salgo huyendo. No sé me da cosa.
Y ahora he tenido que aprender por que ahora es en todo lado, en la calle. Antes era solo en el teatro que llegaban 100 viejos 150 en una noche. En cambio ahora cada semana lo ve a uno todo el país. Entonces aunque yo vaya a provincias y todo la gente me anda saludando en la calle y tuve que aprender a la fuerza.
¿Cuál es la receta para andar siempre esas enorme sonrisa en la cara?
-- Hay tan linda… (Se ríe) sabes que es lo que pasa que cuando yo me topo con una persona que me da a mí una buena vibra la sonrisa se me sale sola.
Un hombre amante de la lectura. Asegura que un libro que lo marcó fue El Código Da Vinci, el cual terminó de leer en 5 días. Además le gusta mucho los documentales transmitidos en National Geographic.
Considera que su mayor logro es la familia y la casa que tiene --El sentir que yo solo logré desarrollarme en la línea que llevo hasta en este momento en mi vida. Sin haberme dedicado nunca a las drogas ni a nada de eso y puedo darles en cuanto a eso el ejemplo a mis hijos.
¿Una virtud?
--Una virtud que yo tenga que difícil… (Se ríe) Yo no puedo tener nada pendiente, es una virtud que me hace sufrir. Por ejemplo si me tengo que aprender el capítulo de La Pensión que generalmente lo empiezo un viernes y no lo hago el sábado ando con una cosa que me quema por dentro y una preocupación y así paso todo el día hasta que
no lo agarre y me lo aprenda
¿Cómo se describe?
-- Como un hombre trabajador, muy recto en eso si me parezco a don Pedro. Yo no me permito cosas que sean incorrectas ni tampoco a mis hijos.
Lo entrevisté queriendo demostrar que sus ojos iluminados y sus ganas de vivir son el verdadero ser atrapado dentro del famoso personaje de don Pedro.
Resulta difícil olvidar una conversación con este hombre. Siempre tiene esa hermosa sonrisa sobresaliendo en su rostro. Siempre mostrando que la juventud y las ganas de continuar cultivando éxitos van más allá de las canas. Es un verdadero caballero con el que es un gusto platicar.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Ambiciones traicioneras

Por Dionella Burgos
En un mar revuelto de ambiciones se desarrolla la historia de Mario Zaldivar. Difumina una realidad de tres personas que desean la fama y que la encuentran de manera tormentosa al final de una lectura que transporta a un Costa Rica de los años 90`s.
Un escritor y un médico, ambos de avanzada edad se unen a una periodista joven y atractiva. Todos con una sola misión: ser inmortales en la memoria colectiva.
Lo lograron pero, de una manera inesperada.
Entre mentiras se coloca nuevamente en el centro de atención a un escritor como Mauricio España, de pelo largo y canoso que caracteriza a un viejo escritor olvidado en los estantes de librerías polvorientas.
Un auto secuestro que ocultaba el eje de un experimento de un medico como Pío Pablo Salinas, quien hacia mucho tiempo ya disfrutaba de las bondades de la senectud precoz (hacer tardar la vejez).
Tres vidas, una historia y tres finales crueles traducidos a lo único seguro: la muerte.
El escritor poseía su mismo tipo de sangre, fue así como dio con Violeta Parini, joven y robusta periodista quien termina ahogada entre el mar de lujuria. Y, quien lejos de beneficiarse terminó por llevar entre reportajes la peor mentira y en su conciencia y sangre su sentencia de muerte.
Un asesinato, una fugitiva y un preso. Sangre que pretendía alargar vida trajo desgracia.
Ganador del Premio Nacional de Novela en el 2001, Mario Saldivar posee, la pluma de un buen escritor capaz de trazar entre las letras historias que transmiten, que se sienten.
Herido de sombras es para mí, una manifestación cultural muy propia de nuestro país por el contexto en el que se desenvuelve.
Bares en donde se inicia esta historia y va transportando lugares muy transcurridos y de antaño. Llevan a la confección de una obra basada en los detalles, muy delicados para lograr casi una perfecta descripción escena por escena. Donde se conocen a los personajes desde lo más profundo de sus pensamientos y deseos. Una narrativa rica en detalles y descripción.

Confesiones y boleros frente a una copa de vino

Por Dionella Burgos
-¡¿Zaldívar?!... Es aquel que esta allá sentado.
Eso nos dijo la mujer detrás del mostrador, que vestía un delantal blanco y en su cabeza un trapo del mismo color, mientras servía una copa de vino.
Después del susto de desconocer por completo nuestro destino, salimos casi de manera fugitiva de la universidad para darnos cita con un escritor en el punto de origen de una de sus creaciones.
Lo encontramos no precisamente herido pero, sí entre las sombras de un bar que encierra mucha historia y que es testigo de alguna que otra intimidad de quien lo frecuenta.
Ahí se encontraba, al final de la barra.
Los grandes lentes que llevaba, salvaguardaban unos ojos que –según él lo ha visto casi todo- mientras se refugiaban bajo el ala de un sombrero beige que le combinaba con el pantalón de tela.
Al escuchar que le buscaban se acercó a nosotras sin más que pensar.
-¡Mucho gusto don Mario!, la respuesta a la pregunta de quién era Zaldívar ya había sido expuesta en carne y hueso para Floriella.
Aún permanecíamos en la puerta cuando el mismo escritor nos saludaba y el bar Buenos Aires casi desolado, se convertiría en el punto de encuentro para una entrevista de alumnos curiosos del amigo de ese mismo escritor.
Seguimos el zaguán y llegamos al otro lado del pequeño bar en donde había una mesa grande en donde pocos minutos mas tarde vimos reducida conforme llegaban los compañeros de curso.
Después de presentarnos, Mario Zaldívar nos comenzó a platicar de manera muy amable sobre el motivo de nuestra reunión.
Con la copa de vino entre sus manos, comenzó a narrarnos y desde luego, explicarnos la temática de su libro “Herido de sombras”.
Ninguno le perdía movimiento a cada uno de los gestos del escritor, creo que ese era uno de los fines de estar ahí aparte de eso trata el curso, lograr después de eso una muy buena crónica.
La sangre es uno de los temas que es notorio le fascinan. Las preguntas sobre los personajes del libro no se hicieron esperar y gustoso explicaba el origen de cada uno.
Mientras eso sucedía, la mesa se hacía aun mas estrecha por las botellas de cerveza y los frescos que tomábamos. A más de uno lo atacó el hambre.
Atrás, el profesor no perdía de vista a don Mario, mientras de pie saboreaba una cerveza acompañada de una boquita, otra y otra y otra más.
Prometo que mi atención estuvo en Zaldívar pero, tras el en una mesa dos jóvenes tórtolos –que parecía no se habían visto en vario tiempo- probaban su resistencia en un impetuoso beso que robaba por completo la atención de los presentes.
Pero, claro que escuchaba con atención.
-Don Mario, si el personaje del doctor nace de Clorito Picado y el escritor es solo un reflejo suyo… ¿de dónde nace el personaje de “la Lombarda”?
El color del vino en la copa que tenia tomada entre sus manos, siguió el curso de la sangre y se le acumuló en el rostro. Sus ojos se clavaron en los míos y…
-Me has hecho la pregunta mas jodida- creo que era la pregunta que no me había imaginado hacer pero, era la que cubriría mi curiosidad sobre esa mujer.
Todos echaron a reír pero, la respuesta no fue la que me esperaba, de hecho se salió por la tangente.
Volví a hacer la pregunta porque me parecía mucho misterio sobre esa mujer.
-No es misterio, es que su profesor también la conoce.
Ambos alegaron que la personalidad que se resaltaba en el libro sobre ella no pertenecía a la descripción física de tan protegida mujer por estos dos hombres.
En fin, no lo sabré a ciencia cierta eso me genera aún duda.
Un bohemio… Así se declaró Zaldívar.
Los boleros son unas de sus grandes pasiones y, su guitarra también lo acompañaba. Después de un par de boleros y unas copas de vino, conocimos a un hombre cuya pasión al escribir es la misma que transmite al hablar sobre eso.
Y entre copas de vino, letras de boleros y canciones al ritmo de las cuerdas de su guitarra conocimos a Mario Zaldívar en unos de sus lugares favoritos ya que confiesa ser amante de las casas antiguas y los secretos que en ellas encierran.

Herido por el destino

Por Melissa Alvarez Barquero
Eran las 7 de la noche del miércoles 8 de julio en un bar en nuestra ciudad capitalina. Era una noche fría, el viento soplaba con fuerza. El bar, un lugar que encierra más de 100 años de historias, sería testigo de la reunión entre el escritor costarricense Mario Zaldívar y los estudiantes del curso de Estilos Especiales de Periodismo.
El bar Buenos Aires, en el cual se encuentran por primera vez los personajes del libro, es un lugar realmente viejo. La emoción de estar en el sitio donde tantas veces Violeta se encuentra con el doctor Salinas y con Mauricio España, hacían pasar desapercibidos los vidrios quebrados, los ventiladores sucios y viejos, las paredes gastadas. A pesar de no ser un lugar de moda, tiene un ambiente familiar que da la sensación de comodidad.
-Buenas noches-, dice el escritor.
Inmediatamente, cada uno de mis compañero, nos presentamos e hicimos un pequeño comentario acerca del libro. El escritor, con una copa de vino tinto “Gato negro”, camisa de cuadros con un lapicero en el bolsillo, anteojos, cabello canoso y en su barba refinada, sombrero que en conjunto con todas las prendas logra una apariencia intrigante, digna de un escritor; nos escucha atentamente y aprecia nuestras palabras.
Luego de la introducción, vinieron las preguntas. Como una fiel admiradora al libro, enciendo mi grabadora y escucho cada una de las respuestas para visualizar los pensamientos del escritor.
La pregunta de la parte erótica no se hizo esperar.
-¿Por qué el erotismo?-
El escritor humildemente responde:
-Porque sólo así puedo escribir.
En su niñez, donde conoció un sinfín de personajes e historias, empezó a interesarse por la literatura. Administrador público de profesión, don Mario es apasionado de las colecciones de música popular y de la guitarra.
Conforme continuaba la tertulia, conocí poco a poco los detalles del autor. Detalles que me hacen admirar aún más sus obras.
-Hay que escribir con hacha-, dice don Mario entre risas.
Con esta frase de Juan Rulfo, el novelista explica que para la realización de Herido de Sombras, se requirió un año de trabajo, en el cuál la obra fue revisada por 3 especialistas en cada uno de los temas como es el virus del SIDA.
Ser convincente, utilizar un lenguaje sencillo y un final inesperado, son las mayores virtudes que don Mario aprecia en sus obras.
Y es que el autor logra despertar miles de sensaciones distintas y transportarnos al lugar de los hechos gracias a las descripciones que nos brinda.
“Herido de Sombras”, es estar herido por el destino de ser olvidado. Sangre, erotismo, música y fracaso; son elementos que encontraremos en esta novela “policíaca” del escritor costarricense, Mario Zaldívar; que sin duda conquistará nuestra atención y cautivará nuestra alma.

El verde día D

Por Floriella Rivas
El día empezó realmente cuando llegamos a la Escuela Pilar Jiménez en Guadalupe, Goicoechea. Eran las once de la mañana y mi objetivo principal era entrar, votar y salir lo antes posible para dirigirme con mi familia al Parque de Diversiones.
Como muchos otros ciudadanos de este noble país, supuse que el movimiento electoral para la Convención Interna del Partido Liberación Nacional alcanzaría, si acaso, la tibieza de las últimas campañas políticas.
Un amigo que trabajaba en la organización de la tendencia de Laura Chinchilla en San Ramón me había contado que el día avanzaba lento pues la asistencia de los electores a las urnas era baja. Eso me hizo creer que duraría menos de diez minutos en mi tarea de votar.
Sin embargo, en el centro de votación que me tocaba votar la gente pululaba en la entrada. Lo primero que hice fue sopesar con un vistazo cómo se veía el pulso entre las dos tendencias mayoritarias; Araya y Chinchilla.
Un niño de unos 12 años, enfundado en una camiseta que decía “Laura Chinchilla: firme y honesta” me emboscó en la acera y me ofreció guiarme hasta mi mesa.
“Gracias amor, yo ya sé en qué mesa me toca”, le dije. Por supuesto que sabía. Me había dado a la tarea de averiguar el número de mesa para agilizar el proceso. Tenía que buscar la mesa 315.
“No importa, yo la acompaño”, me replicó el niño. No pude negarme. Su entusiasmo me contagió y sentí un leve cosquilleo democrático en mi estómago. Además, el niño llevaba puesta la camiseta de la elección para voto que se me hacía más atractiva.
Encontramos la fila de la mesa 315 y para mi gran desilusión era la más larga de todas las que se podían ver en el salón de la escuela. Ni modo; me puse a hacer fila. En competencias tan parejas cada voto cuenta.
Mientras esperaba y desesperaba porque la fila, como es de suponerse cuando hay prisa, no se movía ni se movió en diez largos minutos, me topé a María Elena, una antigua vecina. Me reconoció y la saludé.
“Ay muchacha, no sé qué hacer”, me dijo con cara de angustia. “Me acabo de topar como a diez amigos que me dicen que vote por Araya, y a otros diez que me dicen que cuidado no voto por Chinchilla”.
“No les haga caso, María Elena, no se atormente por eso”, le dije en voz alta. “Vote por quien usted crea que es mejor”, le terminé de decir.
Con cara menos atribulada me contestó que eso era lo que iba a hacer. Le dije que se fuera a colocar al inicio de la fila pues los adultos mayores tenían preferencia. Me hizo caso y se fue directamente a la puerta del aula.
Yo seguí mi espera y vi cómo 4 viejitos más se metieron delante de todos los otros de la fila. Eso no contribuía con mi prisa por salir de ahí. En eso vi a María Elena salir y dirigirse hacia mí.
“Ya me voy, ya voté. Ya sé qué voy a hacer: a los que van con Araya les voy a decir que voté por Araya y a los que van con Chinchilla les voy a decir que voté por Chinchilla. ¡Así ninguno se enoja conmigo!”
Le dije que esa era una decisión salomónica y que me había dado mucho gusto verla de nuevo. Se fue y seguí esperando en la fila. Eran las once y media cuando salí del recinto de votación.
Mi impresión del proceso fue que hizo falta mucho orden en la organización, pero la principal interrogante que flotaba en el ambiente era quién iba a quedarse con la candidatura presidencial. La puja se veía muy pareja.
Los simpatizantes de Laura Chinchilla aseguraban que ganaban la contienda por un margen de, al menos, 5% mientras que los “arayistas” pronosticaban un gane rotundo con un 10% de ventaja. Los números de Berrocal ni siquiera se tomaban en cuenta.
El día pasó rápido y al ser las siete de la noche, ya de vuelta en mi casa, me dispuse a investigar con mis contactos en el Balcón Verde acerca de cómo iba el conteo de votos. Los datos empezaron a ponerse interesantes a partir de las nueve.
Al parecer, todas las mesas que llegaban contadas llevaban etiquetado el nombre de Laura Chinchilla como ganadora. La situación se mantuvo en esa tendencia hasta muy avanzada la noche.
El último reporte lo recibí de la televisión casi a las once. Estaban declarando a Chinchilla como la nueva candidata a la presidencia por el partido Liberación Nacional.
Al día siguiente, con un panorama más claro y documentado del verdadero comportamiento de la votación, los datos publicados ratificaron la victoria de Chinchilla con un 53% de los votos. Johnny Araya obtuvo un 42% y Berrocal un 3%.
La gran sorpresa para muchos fue el hecho de que Araya, alcalde de San José desde hace más de una década, no ganara en la provincia donde ha realizado toda su gestión política. San José además representó la mayor participación de votantes con un 45% del total de votos emitidos.
La convención verdiblanca logró convocar a las urnas a más de 500 mil votantes, o sea, una quinta parte del padrón electoral del país.
Sin embargo, lo más relevante de esta convención fue que colocó en la campaña electoral del 2010 a la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la presidencia de Costa Rica.

Una función desde afuera


Por Catalina Flores


Martes, un día normal, llegué al centro de San José, era un medio día soleado y caliente, tenía ganas de salirme de la rutina.
Caminaba sin horizonte, a mi derecha el viejo pero muy conservado Teatro Nacional.
Una fila de gente encopetada lucía uno que otro traje de su closet.
Era la función de teatro al medio día.
Se presentarían cuatro jóvenes pianistas del Instituto Superior de Artes de Costa Rica, tres de ellos costarricenses y uno salvadoreño.
Esa cola de personas llamó mi atención y decidí sentarme en una larga banca que divide el legendario Gran Hotel Costa Rica del bulevar que está al frente del teatro para mirar esta fila.
Quería disfrutar de una función, no de teatro pero si de curiosidad y gratis.
Nunca antes me había sentado en pleno centro josefino, mucho menos en la Plaza de la Cultura, recuerdo que de niña pasaba por ahí cuando acompañaba a mi mamá a hacer algunos mandados y siempre me preguntaba : -¿Qué hace la gente sentada en medio San José? ¿La gente nunca tiene nada que hacer? ¿La gente es vaga o es simple diversión?
Bueno, en esa banca vi de todo.
Me senté a la par de unas señoras, se lamentaban por no haber podido entrar al teatro:
- ¡Qué lastima! Pero es que llegamos muy tarde.
- Si, lastima, yo hasta saqué permiso en el trabajo, pero está bueno, todo pasa por dejar todo para último.
A mi otro lado tenía un señor que como yo estaba solo, con los codos recostados sobre el respaldar de la sillas y sus pies cruzados, sin que nada lo estresara veía la gente pasar.
La Ministra de Cultura estaba llegando, con simpatía saludaba a todo aquel que se le arrimaba y una colega de un noticiero le pedía una entrevista.
Yo estaba sentada, en mis regazos tenía el bolso y sobre él mis manos, disfrutaba ese momento, no me imaginé estar sentada ahí, pensaba en las veces que había pasado por ese lugar constantemente repetía las mismas preguntas.
Pero ese pensamiento fue interrumpido bruscamente por un indigente que exclamó:
-¿Me regala un billetito?
De inmediato se inclinó y tomó mi mano derecha y empezó a acariciar la pulsera que andaba
-¡Que linda pulsera! ¡Que linda pulsera!
Solo podía ver su mano sucia con las uñas largas y amarillas sobre mi mano.
Estaba en sorprendida.
No podía dejar de ver su mano sobre mi mano. No reaccionaba.
Él no dejaba de acariciarme y decir:
-¡Que linda pulsera! ¡Que linda pulsera!
Él sujetaba fuertemente mi mano y no podía soltarla, cuando de pronto nada más siento que pone la mano que le quedaba libre entre mis piernas.
De inmediato me vuelve a ver, ya me estaba cayendo la peseta de lo sucedido, vio mi cara de asombro, soltó mi mano y se fue.
Mi bolso era grande, por suerte y evitó que este indigente subiera sus sucias manos por mis piernas e hiciera de esta función todo un espectáculo.
El pordiosero siguió perturbando a otras personas que tuvieron la oportunidad de alejarlo de una sola vez.
En pleno San José, a plena luz del día, mucha gente alrededor y nadie hizo nada, ni siquiera yo.
Lo peor fue que en todo el tiempo que estuve sentada ni observé ni a un solo policía a quien contarle mi suerte.
Quería cambiar mi rutina, y así fue, fui complacida, comprobé que la gente que se sienta en una banca en San José no tiene nada que hacer, que a esta cuidad es mejor andarle de larguito y por último no es necesario entrar a un teatro para disfrutar de una función.

“Yo soy un bohemio”

Por Alejandro Méndez Leiva
El bar Buenos Aires, de 100 años de edad, es un lugar de aspecto triste, de capa sobre capa de una mala pintura que intenta maquillar la edad del inmueble, ventanas rotas y malos arreglos que son como cicatrices que se resisten a sanar, pero todos estos remiendos nos reciben de una manera acogedora y nos invitan a pasar un buen rato con el autor de Herido de Sombras.
–Yo tengo una gran debilidad por estos lugares– nos contestó don Mario al preguntarle por que este bar de aspecto de mala muerte le genera tanta inspiración.
Ahora este lugar se convierte en punto de encuentro entre un numeroso grupo de estudiantes universitarios, quienes con gran curiosidad aceptamos la invitación del profesor para entrevistar a uno de los mejores escritores de nuestro país, pero más que una entrevista se convirtió en una tertulia.
–Yo soy un bohemio–, esa es la frase que más me impactó de don Mario Zaldívar cuando le preguntamos como describía mejor su forma de ser, claro está que su estilo no es el de un indigente drogadicto como el bien lo aclaró, por el contrario, bien vestido con una camisa de manga larga abotonada en los extremos de las mangas y un particular sombrero lo exponen a la curiosidad de quienes lo vemos llegar.
Como buenos estudiantes de periodismo, no vacilamos en la tarea de preguntar e indagar en los más profundos pensamientos del escritor para saber cuales aspectos de su vida lo inspiraron en la elaboración de este libro.
Al preguntarle el por que del pesimismo que relata en su libro, don Mario nos comenta que el es –un pesimista de la literatura–, contrario del pesimismo presente en la vida nos comenta que el es un amante de la vida, pero que no se siente bien escribiendo de la felicidad.
Él se describe como un insaciable devorador de libros, incluso nos comenta que el no duerme mucho, sus horas de sueño promedian entre las dos y tres horas, el resto de la noche sus libros lo llevan a otro mundo de sueños.
Herido de sombras tiene un alto porcentaje de verdad, los experimentos de Clorito Picado fueron reales, –es una maravilla que a alguien se le ocurra inyectar sangre de anciano a un joven– nos comenta don Mario con la misma fascinación como quien acabara de descubrir un tesoro perdido.
El libro La vida de Clorito Picado fue su mayor inspiración, según nos dice los experimentos en animales fueron exitosos, incluso Clorito experimentó consigo mismo, pero ya rondaba los 30 años, por lo cual no funcionó en él.
Nos dimos cuenta que el libro es más real de lo que pensábamos, prácticamente todos sus personajes están basados en personas que conoció don Mario a lo largo de su vida, pero el personaje que despertó más la curiosidad entre los que estábamos presentes fue La Lombarda.
–Ahora tiene como 57 años, pero está igual de guapa– nos dice don Mario, aunque con cierto hermetismo no nos quiso dar más detalles sobre la mujer que lo inspiró a desarrollar un personaje tan caliente y con un fetiche hacia los ancianos, ella según don Mario –físicamente es una cosa y espiritualmente es otra–.
A petición de quienes estábamos presentes, don Mario se anima a traer su guitarra, la tenía guardada en algún lugar del bar, que más bien parece su segunda casa.
Con sus boleros favoritos, incluyendo Herido de Sombras de Pedro Vega, don Mario nos muestra con su guitarra y con una buena afinidad en su voz, su debilidad por este tipo de música.
Son casi las once de la noche, el bar hace ratos que cerró sus puertas, solo quedamos tres estudiantes con don Mario y un amigo suyo que se acercó a charlar un rato con nosotros, –este bar nosotros lo decoramos, todos esos cables salidos y esas ventanas rotas son pura decoración, por dentro de las paredes la instalación eléctrica es moderna– nos dice el amigo de don Mario con un divertido sarcasmo.
Él terminando su copa de vino de la casa y nosotros aún tomando cerveza a pico de botella como los más corrientes, decidimos irnos y dejar tranquilo al –dueño del local, un individuo que había envejecido abriendo y cerrando las puertas del establecimiento–.
Don Mario nos despidió de la manera más amena, su amigo también lo hizo de la misma forma, y con mi promesa de leer todos sus libros, salimos del bar Buenos Aires por un portón que nos abrió un cuida carros, con un verdadero aspecto de bohemio.