miércoles, 5 de agosto de 2009

Herido por el destino

Por Melissa Alvarez Barquero
Eran las 7 de la noche del miércoles 8 de julio en un bar en nuestra ciudad capitalina. Era una noche fría, el viento soplaba con fuerza. El bar, un lugar que encierra más de 100 años de historias, sería testigo de la reunión entre el escritor costarricense Mario Zaldívar y los estudiantes del curso de Estilos Especiales de Periodismo.
El bar Buenos Aires, en el cual se encuentran por primera vez los personajes del libro, es un lugar realmente viejo. La emoción de estar en el sitio donde tantas veces Violeta se encuentra con el doctor Salinas y con Mauricio España, hacían pasar desapercibidos los vidrios quebrados, los ventiladores sucios y viejos, las paredes gastadas. A pesar de no ser un lugar de moda, tiene un ambiente familiar que da la sensación de comodidad.
-Buenas noches-, dice el escritor.
Inmediatamente, cada uno de mis compañero, nos presentamos e hicimos un pequeño comentario acerca del libro. El escritor, con una copa de vino tinto “Gato negro”, camisa de cuadros con un lapicero en el bolsillo, anteojos, cabello canoso y en su barba refinada, sombrero que en conjunto con todas las prendas logra una apariencia intrigante, digna de un escritor; nos escucha atentamente y aprecia nuestras palabras.
Luego de la introducción, vinieron las preguntas. Como una fiel admiradora al libro, enciendo mi grabadora y escucho cada una de las respuestas para visualizar los pensamientos del escritor.
La pregunta de la parte erótica no se hizo esperar.
-¿Por qué el erotismo?-
El escritor humildemente responde:
-Porque sólo así puedo escribir.
En su niñez, donde conoció un sinfín de personajes e historias, empezó a interesarse por la literatura. Administrador público de profesión, don Mario es apasionado de las colecciones de música popular y de la guitarra.
Conforme continuaba la tertulia, conocí poco a poco los detalles del autor. Detalles que me hacen admirar aún más sus obras.
-Hay que escribir con hacha-, dice don Mario entre risas.
Con esta frase de Juan Rulfo, el novelista explica que para la realización de Herido de Sombras, se requirió un año de trabajo, en el cuál la obra fue revisada por 3 especialistas en cada uno de los temas como es el virus del SIDA.
Ser convincente, utilizar un lenguaje sencillo y un final inesperado, son las mayores virtudes que don Mario aprecia en sus obras.
Y es que el autor logra despertar miles de sensaciones distintas y transportarnos al lugar de los hechos gracias a las descripciones que nos brinda.
“Herido de Sombras”, es estar herido por el destino de ser olvidado. Sangre, erotismo, música y fracaso; son elementos que encontraremos en esta novela “policíaca” del escritor costarricense, Mario Zaldívar; que sin duda conquistará nuestra atención y cautivará nuestra alma.

El verde día D

Por Floriella Rivas
El día empezó realmente cuando llegamos a la Escuela Pilar Jiménez en Guadalupe, Goicoechea. Eran las once de la mañana y mi objetivo principal era entrar, votar y salir lo antes posible para dirigirme con mi familia al Parque de Diversiones.
Como muchos otros ciudadanos de este noble país, supuse que el movimiento electoral para la Convención Interna del Partido Liberación Nacional alcanzaría, si acaso, la tibieza de las últimas campañas políticas.
Un amigo que trabajaba en la organización de la tendencia de Laura Chinchilla en San Ramón me había contado que el día avanzaba lento pues la asistencia de los electores a las urnas era baja. Eso me hizo creer que duraría menos de diez minutos en mi tarea de votar.
Sin embargo, en el centro de votación que me tocaba votar la gente pululaba en la entrada. Lo primero que hice fue sopesar con un vistazo cómo se veía el pulso entre las dos tendencias mayoritarias; Araya y Chinchilla.
Un niño de unos 12 años, enfundado en una camiseta que decía “Laura Chinchilla: firme y honesta” me emboscó en la acera y me ofreció guiarme hasta mi mesa.
“Gracias amor, yo ya sé en qué mesa me toca”, le dije. Por supuesto que sabía. Me había dado a la tarea de averiguar el número de mesa para agilizar el proceso. Tenía que buscar la mesa 315.
“No importa, yo la acompaño”, me replicó el niño. No pude negarme. Su entusiasmo me contagió y sentí un leve cosquilleo democrático en mi estómago. Además, el niño llevaba puesta la camiseta de la elección para voto que se me hacía más atractiva.
Encontramos la fila de la mesa 315 y para mi gran desilusión era la más larga de todas las que se podían ver en el salón de la escuela. Ni modo; me puse a hacer fila. En competencias tan parejas cada voto cuenta.
Mientras esperaba y desesperaba porque la fila, como es de suponerse cuando hay prisa, no se movía ni se movió en diez largos minutos, me topé a María Elena, una antigua vecina. Me reconoció y la saludé.
“Ay muchacha, no sé qué hacer”, me dijo con cara de angustia. “Me acabo de topar como a diez amigos que me dicen que vote por Araya, y a otros diez que me dicen que cuidado no voto por Chinchilla”.
“No les haga caso, María Elena, no se atormente por eso”, le dije en voz alta. “Vote por quien usted crea que es mejor”, le terminé de decir.
Con cara menos atribulada me contestó que eso era lo que iba a hacer. Le dije que se fuera a colocar al inicio de la fila pues los adultos mayores tenían preferencia. Me hizo caso y se fue directamente a la puerta del aula.
Yo seguí mi espera y vi cómo 4 viejitos más se metieron delante de todos los otros de la fila. Eso no contribuía con mi prisa por salir de ahí. En eso vi a María Elena salir y dirigirse hacia mí.
“Ya me voy, ya voté. Ya sé qué voy a hacer: a los que van con Araya les voy a decir que voté por Araya y a los que van con Chinchilla les voy a decir que voté por Chinchilla. ¡Así ninguno se enoja conmigo!”
Le dije que esa era una decisión salomónica y que me había dado mucho gusto verla de nuevo. Se fue y seguí esperando en la fila. Eran las once y media cuando salí del recinto de votación.
Mi impresión del proceso fue que hizo falta mucho orden en la organización, pero la principal interrogante que flotaba en el ambiente era quién iba a quedarse con la candidatura presidencial. La puja se veía muy pareja.
Los simpatizantes de Laura Chinchilla aseguraban que ganaban la contienda por un margen de, al menos, 5% mientras que los “arayistas” pronosticaban un gane rotundo con un 10% de ventaja. Los números de Berrocal ni siquiera se tomaban en cuenta.
El día pasó rápido y al ser las siete de la noche, ya de vuelta en mi casa, me dispuse a investigar con mis contactos en el Balcón Verde acerca de cómo iba el conteo de votos. Los datos empezaron a ponerse interesantes a partir de las nueve.
Al parecer, todas las mesas que llegaban contadas llevaban etiquetado el nombre de Laura Chinchilla como ganadora. La situación se mantuvo en esa tendencia hasta muy avanzada la noche.
El último reporte lo recibí de la televisión casi a las once. Estaban declarando a Chinchilla como la nueva candidata a la presidencia por el partido Liberación Nacional.
Al día siguiente, con un panorama más claro y documentado del verdadero comportamiento de la votación, los datos publicados ratificaron la victoria de Chinchilla con un 53% de los votos. Johnny Araya obtuvo un 42% y Berrocal un 3%.
La gran sorpresa para muchos fue el hecho de que Araya, alcalde de San José desde hace más de una década, no ganara en la provincia donde ha realizado toda su gestión política. San José además representó la mayor participación de votantes con un 45% del total de votos emitidos.
La convención verdiblanca logró convocar a las urnas a más de 500 mil votantes, o sea, una quinta parte del padrón electoral del país.
Sin embargo, lo más relevante de esta convención fue que colocó en la campaña electoral del 2010 a la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la presidencia de Costa Rica.

Una función desde afuera


Por Catalina Flores


Martes, un día normal, llegué al centro de San José, era un medio día soleado y caliente, tenía ganas de salirme de la rutina.
Caminaba sin horizonte, a mi derecha el viejo pero muy conservado Teatro Nacional.
Una fila de gente encopetada lucía uno que otro traje de su closet.
Era la función de teatro al medio día.
Se presentarían cuatro jóvenes pianistas del Instituto Superior de Artes de Costa Rica, tres de ellos costarricenses y uno salvadoreño.
Esa cola de personas llamó mi atención y decidí sentarme en una larga banca que divide el legendario Gran Hotel Costa Rica del bulevar que está al frente del teatro para mirar esta fila.
Quería disfrutar de una función, no de teatro pero si de curiosidad y gratis.
Nunca antes me había sentado en pleno centro josefino, mucho menos en la Plaza de la Cultura, recuerdo que de niña pasaba por ahí cuando acompañaba a mi mamá a hacer algunos mandados y siempre me preguntaba : -¿Qué hace la gente sentada en medio San José? ¿La gente nunca tiene nada que hacer? ¿La gente es vaga o es simple diversión?
Bueno, en esa banca vi de todo.
Me senté a la par de unas señoras, se lamentaban por no haber podido entrar al teatro:
- ¡Qué lastima! Pero es que llegamos muy tarde.
- Si, lastima, yo hasta saqué permiso en el trabajo, pero está bueno, todo pasa por dejar todo para último.
A mi otro lado tenía un señor que como yo estaba solo, con los codos recostados sobre el respaldar de la sillas y sus pies cruzados, sin que nada lo estresara veía la gente pasar.
La Ministra de Cultura estaba llegando, con simpatía saludaba a todo aquel que se le arrimaba y una colega de un noticiero le pedía una entrevista.
Yo estaba sentada, en mis regazos tenía el bolso y sobre él mis manos, disfrutaba ese momento, no me imaginé estar sentada ahí, pensaba en las veces que había pasado por ese lugar constantemente repetía las mismas preguntas.
Pero ese pensamiento fue interrumpido bruscamente por un indigente que exclamó:
-¿Me regala un billetito?
De inmediato se inclinó y tomó mi mano derecha y empezó a acariciar la pulsera que andaba
-¡Que linda pulsera! ¡Que linda pulsera!
Solo podía ver su mano sucia con las uñas largas y amarillas sobre mi mano.
Estaba en sorprendida.
No podía dejar de ver su mano sobre mi mano. No reaccionaba.
Él no dejaba de acariciarme y decir:
-¡Que linda pulsera! ¡Que linda pulsera!
Él sujetaba fuertemente mi mano y no podía soltarla, cuando de pronto nada más siento que pone la mano que le quedaba libre entre mis piernas.
De inmediato me vuelve a ver, ya me estaba cayendo la peseta de lo sucedido, vio mi cara de asombro, soltó mi mano y se fue.
Mi bolso era grande, por suerte y evitó que este indigente subiera sus sucias manos por mis piernas e hiciera de esta función todo un espectáculo.
El pordiosero siguió perturbando a otras personas que tuvieron la oportunidad de alejarlo de una sola vez.
En pleno San José, a plena luz del día, mucha gente alrededor y nadie hizo nada, ni siquiera yo.
Lo peor fue que en todo el tiempo que estuve sentada ni observé ni a un solo policía a quien contarle mi suerte.
Quería cambiar mi rutina, y así fue, fui complacida, comprobé que la gente que se sienta en una banca en San José no tiene nada que hacer, que a esta cuidad es mejor andarle de larguito y por último no es necesario entrar a un teatro para disfrutar de una función.

“Yo soy un bohemio”

Por Alejandro Méndez Leiva
El bar Buenos Aires, de 100 años de edad, es un lugar de aspecto triste, de capa sobre capa de una mala pintura que intenta maquillar la edad del inmueble, ventanas rotas y malos arreglos que son como cicatrices que se resisten a sanar, pero todos estos remiendos nos reciben de una manera acogedora y nos invitan a pasar un buen rato con el autor de Herido de Sombras.
–Yo tengo una gran debilidad por estos lugares– nos contestó don Mario al preguntarle por que este bar de aspecto de mala muerte le genera tanta inspiración.
Ahora este lugar se convierte en punto de encuentro entre un numeroso grupo de estudiantes universitarios, quienes con gran curiosidad aceptamos la invitación del profesor para entrevistar a uno de los mejores escritores de nuestro país, pero más que una entrevista se convirtió en una tertulia.
–Yo soy un bohemio–, esa es la frase que más me impactó de don Mario Zaldívar cuando le preguntamos como describía mejor su forma de ser, claro está que su estilo no es el de un indigente drogadicto como el bien lo aclaró, por el contrario, bien vestido con una camisa de manga larga abotonada en los extremos de las mangas y un particular sombrero lo exponen a la curiosidad de quienes lo vemos llegar.
Como buenos estudiantes de periodismo, no vacilamos en la tarea de preguntar e indagar en los más profundos pensamientos del escritor para saber cuales aspectos de su vida lo inspiraron en la elaboración de este libro.
Al preguntarle el por que del pesimismo que relata en su libro, don Mario nos comenta que el es –un pesimista de la literatura–, contrario del pesimismo presente en la vida nos comenta que el es un amante de la vida, pero que no se siente bien escribiendo de la felicidad.
Él se describe como un insaciable devorador de libros, incluso nos comenta que el no duerme mucho, sus horas de sueño promedian entre las dos y tres horas, el resto de la noche sus libros lo llevan a otro mundo de sueños.
Herido de sombras tiene un alto porcentaje de verdad, los experimentos de Clorito Picado fueron reales, –es una maravilla que a alguien se le ocurra inyectar sangre de anciano a un joven– nos comenta don Mario con la misma fascinación como quien acabara de descubrir un tesoro perdido.
El libro La vida de Clorito Picado fue su mayor inspiración, según nos dice los experimentos en animales fueron exitosos, incluso Clorito experimentó consigo mismo, pero ya rondaba los 30 años, por lo cual no funcionó en él.
Nos dimos cuenta que el libro es más real de lo que pensábamos, prácticamente todos sus personajes están basados en personas que conoció don Mario a lo largo de su vida, pero el personaje que despertó más la curiosidad entre los que estábamos presentes fue La Lombarda.
–Ahora tiene como 57 años, pero está igual de guapa– nos dice don Mario, aunque con cierto hermetismo no nos quiso dar más detalles sobre la mujer que lo inspiró a desarrollar un personaje tan caliente y con un fetiche hacia los ancianos, ella según don Mario –físicamente es una cosa y espiritualmente es otra–.
A petición de quienes estábamos presentes, don Mario se anima a traer su guitarra, la tenía guardada en algún lugar del bar, que más bien parece su segunda casa.
Con sus boleros favoritos, incluyendo Herido de Sombras de Pedro Vega, don Mario nos muestra con su guitarra y con una buena afinidad en su voz, su debilidad por este tipo de música.
Son casi las once de la noche, el bar hace ratos que cerró sus puertas, solo quedamos tres estudiantes con don Mario y un amigo suyo que se acercó a charlar un rato con nosotros, –este bar nosotros lo decoramos, todos esos cables salidos y esas ventanas rotas son pura decoración, por dentro de las paredes la instalación eléctrica es moderna– nos dice el amigo de don Mario con un divertido sarcasmo.
Él terminando su copa de vino de la casa y nosotros aún tomando cerveza a pico de botella como los más corrientes, decidimos irnos y dejar tranquilo al –dueño del local, un individuo que había envejecido abriendo y cerrando las puertas del establecimiento–.
Don Mario nos despidió de la manera más amena, su amigo también lo hizo de la misma forma, y con mi promesa de leer todos sus libros, salimos del bar Buenos Aires por un portón que nos abrió un cuida carros, con un verdadero aspecto de bohemio.

martes, 28 de julio de 2009

CRÓNICA LITERARIA "HERIDO DE SOMBRAS"

Por Damaris Cerdas Rivera
El libro de Mario Zaldívar “Herido de sombras”, escrito en una secuencia de 28 días, (del 4 de junio al 2 de julio de 1990), trata de resaltar los hallazgos del científico costarricense Clodomiro Picado en cuanto a las investigaciones para combatir la vejez (vacuna contra la senectud precoz).
Son tres personajes principales: Violeta Parini, periodista de “El Diario”, el Dr. Pío Pablo Salinas y el escritor Mauricio España.
El objetivo del Dr. Salinas es lograr que Mauricio España acceda a donar sangre tipo AB a Violeta, con el fin de continuar con el experimento de combatir la vejez.
Violeta se encargó de localizar a Mauricio para obtener la sangre; la única condición que puso el escritor, era que quería volver a ser un escritor importante.
Mauricio España escritor de los años sesenta, superaba ya sesenta años y había perdido su esplendor, sólo fue famoso por tres novelas, una de ellas “Martes equivocado”, El Archiduque y Viejos derrotados.
La Srta. Parini accedió a la condición de España e ideó un secuestro simulado, el cual consistiría en que él viviría en la casa del Dr. Salinas, ella iría allí a realizarse la transfusión una vez por semana y también se encargaría de publicar las noticias del secuestro en “El Diario”.
La característica de la Srta. Parini, es que le satisfacía el juego erótico con los hombres de cierta edad e inclusive, en el mundillo del periodismo se la conocía como La Lombarda, apodo de sus ancestros italianos y dado también por la belleza de ella.
El Dr. Salinas, vivía en una mansión que se imponía en una esquina del barrio Aranjuez, su propósito era retomar los experimentos de Clorito y comprobar la teoría, él mantenía un romance con Violeta, pero ella le era infiel.
El plan para hacer nuevamente famoso al escritor España inicia con la publicación de la noticia del secuestro en la sección de Sucesos del “El Diario” la cual pasó desapercibida por la noticia de la muerte del el expresidentes José Figueres Ferrer.
Mientras Violeta divulgaba la información “que supuestamente le llegaba de los secuestradores”, en la casa del Dr. Salinas, se entretejía una historia de pasión entre los tres, sobresalía lo sensual, el deseo y el erotismo.
Las relaciones entre el Dr. Salinas y España eran tensas e irritables, no así con el perro del doctor, pues España y el Moro (era un perro mastín guardián de jardín), se convirtieron en entrañables amigos, -una mascota huraña pasó a ser de buena familia por la afinidad con Mauricio-.
Como personajes secundarios, aparecen el detective Salvador Calibre, a quien le gustaba cantar (música de Ray Charles), el doctor Marco Berllés, el dueño del editorial El Parnaso, Plutarco Mochado Carranza y Janitzia Vargas hermana de Mauricio.
El detective, fan del escritor España, vio en la investigación una oportunidad de esclarecer un misterio, al cual, le prestaba más atención por tratarse de un escritor que él admiraba.
El desenlace de la historia es inesperado, pues es justo por el perro que se descubre la trama que había para hacer famoso al escritor, mantener joven a la periodista y para que el doctor obtuviera la gloria al demostrar que el experimento de Clorito Picado sí era efectivo.

¿Quién es Mario Zaldívar?

Por Mónica Solano Castro
¿Quién es Mario Zaldívar?, era la pregunta que me rondaba, luego de leer su libro “Herido de sombras”. Esta novela me provocó emociones contradictorias. Por un lado, la fluidez y sencillez del lenguaje me incitó a indagar más sobre el paradero de la historia. Por el otro, el libro me causó rechazo por su final explícitamente pesimista. Estos sentimientos y la suposición de que el personaje Mauricio España era un reflejo del autor me llevaron a plantearme ese cuestionamiento.
La única forma de saberlo era aisistiendo al bar Buenos Aires, lugar donde inicia su novela; ubicado en el centro de San José. Unos compañeros de la universidad, mi profesor y yo nos reunimos con él.
La verdad no sabía que esperar del encuentro con don Mario, ni siquiera me imaginaba cómo era físicamente; sin embargo, tenía varias preguntas del libro y de la relación entre éste último y su vida personal.
Una vez que llegamos, inmediatamente, observé un pequeño techo que salía del bar, tal vez de un color rojizo, no estoy segura ya que estaba desteñido y era de noche; además tenía unas letras que, seguramente, antes eran blancas y decían: Bar Buenos Aires. Cuando leí el rótulo me emocioné, nunca había estado en un lugar que fuera mencionado por alguna novela.
Luego miré al fondo del lugar y vi una barra vieja, hecha de madera; detrás de ella se encontraba una mujer, alrededor de unos cincuenta años, vestida con una blusa blanca y una malla negra que le recogía el cabello; me pareció que era la mesera del lugar. También, a lo lejos se veían unas mesas y sillas de madera. El bar, para mi gusto, estaba tranquilo, no había mucha gente.
Unas compañeras y yo entramos al sitio, aún no habían llegado los otros compañeros ni el profesor. Estábamos en la entrada y no vimos a don Mario Zaldívar, hasta que escuché a una de mis compañeras decir:
- Ese es Mario Zaldívar, el del sombrero -
Miré intrigada a mi derecha y allí estaba, en una esquina de la barra hablando con otro señor; la verdad, no se confundía con nadie puesto que el sombrero que llevaba lo destacaba entre los demás. El sombrero, color verde musgo claro y la camisa de cuadros azules con blanco me transmitieron una agradable simpleza.
Al divisarlo nos acercamos hacia él, lo saludamos y le explicamos que nosotros éramos estudiantes y que lo íbamos a entrevistar. Él muy amablemente nos saludó y nos dijo que podían buscar una mesa, mientras terminaba su conversación con el otro señor.
Nos adentramos al lugar, las paredes ya no eran blancas, más bien, tenían un aspecto de suciedad, las mesas eran viejas; había una pequeña televisión a mi derecha, casi pegando al techo y algo que me gustó mucho fue un mapa de Costa Rica que estaba guindado en la pared. Realmente era un lugar que mostraba varios años de existir.
Unimos unas cuantas mesas y esperamos a Zaldívar. Minutos después llegaron los compañeros, el profesor y finalmente don Mario. Una vez que todos nos acomodamos él inició con una introducción del libro “Herido de sombras”.
Primero habló sobre la historia que giraba alrededor del experimento contra la senectud precoz, luego sobre el inicio de la novela. Y es aquí donde él empieza a sacar su personalidad.
Comenta sobre su debilidad por las estructuras antiguas; su tendencia a escribir de forma lineal y con un lenguaje sencillo y llano; la importancia de un desenlace inesperado. Es administrador público; le gusta la música popular; toca la guitarra; le atraen los boleros; tiene un espacio en el periódico La Nación donde escribe sobre la música y cantantes costarricenses y escribe cuentos. Evidentemente es un hombre polifacético. Pero aún no sabía quién era él, faltaba que compartiera más de su vida personal, esa área que necesitaba para responder mi pregunta.
Mientras la conversación avanzaba el autor, con una copa de vino en su mano, revelaba áreas más íntimas de su vida.
Nació cerca de Barrio México; creció alrededor de grandes artistas costarricenses; desde niño se propuso una meta, quería dejar una huella; es preocupado por la vida. De esta manera fue aclarando mis dudas, sin necesidad de que yo se las planteara puesto que otros compañeros intervenían.
Seguía la conversación, no sentía que fuera una entrevista, era algo más informal y la verdad me gustó, me sentí cómoda. En eso, un compañero, le preguntó por qué nombró su libro “Herido de sombras”; él respondió que era por las heridas pasadas del escritor Mauricio España pero, además, había una razón personal: le gusta mucho los boleros y uno de ellos tiene ese nombre; es un bolero cubano.
En ese momento yo intervine:
- Don Mario, ¿usted está herido?-
Con una pequeña sonrisa me afirmó que tenía heridas que la vida le dejó. Esto me confirmó aún más su parecido con el personaje Mauricio España. Y efectivamente, él dijo que mucho del personaje era él.
Otra pregunta que nadaba en mi mente y en la de todos mis compañeros era por qué el erotismo estaba presente constantemente dentro de la novela. Zaldívar se puso un poco incómodo puesto que varios compañeros, incluyéndome, le cuestionamos sobre esa parte explícitamente sensual que tiene la historia.
- ¿Violeta Parini, una mujer erótica, está relacionada con su percepción general de la mujer? -, pregunté.
- No, esa es una de las mujeres. Esa no es la única -, respondió.
Nunca pensé que iba a ser tan franco pero lo fue. Afirmó su tendencia a introducir partes eróticas en sus historias. Comentó que el erotismo plasmado en su novela no es morboso sino activo. Por activo, no comprendí exactamente a qué se refería pero me imagino que es aquello sexual y erótico que todo ser humano tiene.
Pero ahora no me quedó claro la razón por la cual don Mario le atraía lo erótico, sin embargo, inmediatamente lo comprendí. Recapitulé lo que dijo al inicio de la reunión. Vivió mucho en la calle, en su juventud estuvo rodeado de sexo y, claro, me imagino que esto lo indujo a escribir aspectos eróticos en sus novelas.
Así como su vida tiene áreas negativas, la novela “Herido de sombras” también contenía un mensaje negativo. Entonces me pregunté si cada novela que realizaba era por sus problemas pasados, pero no era así. La razón que aclaró mi duda fue que la felicidad no es productiva, contraria a la tristeza o desesperanza, estos sentimientos provocan más impacto en el lector.
Llegué sin ninguna espectativa, pero con un gran cuestionamiento: ¿Quién es Mario Zaldívar?. La primera impresión que él me transmitió fue humildad y sencillez: un señor con barba blanca que delataba alrededor de sesenta años de edad, y con una forma de vestir sencilla, parecida a la de un campesino. Esto también se vio en su forma de escribir, sin embargo su vida personal no aparentó simpleza, dejó mucho de qué hablar. A pesar de la negatividad de sus novelas, su visión de mundo no lo és. Y esto se afirma con una frase muy positiva expresada por él:
- La vida la veo como una gran felicidad -

El ardor del oficio periodístico

Por Aniseh Villanueva
La emoción y el estrés llenaban el ambiente del automóvil en el que viajaba junto con el camarógrafo y la periodista. Eran casi las 10 de la mañana y se había hecho tarde. Íbamos a una velocidad de 120 km por hora.
La razón de esta carrera es muy simple: El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, había sufrido un golpe de Estado en plena mañana y ahora se encontraba en Costa Rica.
Llegamos al aeropuerto 20 minutos pasadas las 10. El calor era insoportable. Nos fuimos por la parte de atrás y nos encontramos con todos los automóviles de los periodistas que estaban amontonados en media calle.
Bajamos rápidamente el equipo del carro y caminamos hasta la aguja que impedía el paso a la pista de aterrizaje. El otro camarógrafo ya estaba desde hace rato esperándonos en el lugar.
Nadie sabía nada. Todos estaban muy tensos y ansiosos y se peleaban el campo para estar de primeros en caso de que abrieran la agujilla.
Un policía nos hizo saber que faltaba poco para entrar a tomar las declaraciones de Zelaya. El calor insoportable hizo la espera eterna. El sol nos pegaba directamente y no había donde encontrar sombra.
Luego, uno de los policías empezó a tomar credenciales de algunos periodistas, lo que era señal de que ya era hora. Todos empezaron a meterse. Los dos camarógrafos y yo nos pasamos como pudimos por debajo de la aguja y empezamos a correr, mientras que la periodista ya se nos había adelantado.
Llegamos a un garaje de avionetas. Habían improvisado una mesa larga con dos escritorios de oficina. Tenían colocada una alfombra roja en frente del escritorio. El espacio de la prensa estaba rodeado por la cinta amarilla de la fuerza pública.
- ¡Cámaras atrás y fotógrafos adelante! - gritó un oficial robusto, quien llevaba la placa colgando de su cuello.
La lucha empezó. Los periodistas se empujaban, los fotógrafos uno encima del otro y los camarógrafos hacían lo posible por acomodarse en el mejor ángulo.
Después de un rato, se abrió la puerta y salió un hombre de bigote vestido con camiseta de dormir blanca. Tenía el cabello negro peinado hacia atrás y unos anteojos sin aro. Era Zelaya.
Óscar Arias, junto con la ministra de seguridad Jeanina del Vecchio, y con el ministro de la presidencia Rodrigo Arias, salieron con él y se sentaron a su lado. Luego de unas breves palabras del presidente de Costa Rica, escuchamos la esperada declaración del mandatario hondureño.
“Mel”, como le conocen en Honduras, contó que un grupo de militares ametralló los portones de su casa de habitación a las 5 de la mañana.
- Cuando me asomé estaban golpeando a uno y amarrando a otros y tirándolos al suelo.
Zelaya, sin comprender bien lo que ocurría, bajó rápidamente a avisarle a una de sus hijas que había un asalto en la casa. En ese momento, cerca de 8 o 10 encapuchados de casco verde olivo, lo tomaron por la fuerza y lo sacaron a empujones de su casa.
- ¡Suelte el celular!, ¡si no suelta el celular le vamos a disparar!- le gritó uno de los militares mientras lo encañonaban con armas de grueso calibre muy de cerca para atemorizarlo, hasta que uno de ellos le arrebató el teléfono de la mano.
Luego lo subieron a un carro y se lo llevaron de inmediato amarrado para el aeropuerto, en donde lo montaron en el avión presidencial.
- Los pilotos, que son los dos capitanes que vuelan conmigo siempre desde hace tres años, no quisieron ni abrir la ventanilla de la vergüenza.
Zelaya asegura que el avión dio varias vueltas por lo dedujo que no estaban muy seguros de donde dejarlo. Cuando se dio cuenta, el avión estaba aterrizando y lo hicieron bajado a empujones en suelo costarricense.
- No me asesinaron porque Dios es grande.
Todos lo miraban con atención y no perdían detalle de lo que decía, sobretodo cuando llegó la sesión de preguntas.
Apenas terminó la conferencia, el mandatario hondureño, se levantó junto con los Arias y la ministra y entraron de inmediato por la puerta de la que habían salido al inicio, sin darle tiempo a la prensa de nada.
Se nos dieron cerca de 10 minutos para recoger todo y luego nos echaron del lugar. Los oficiales nos acompañaron para asegurarse de que nadie se quedaba.
En una declaración posterior ese mismo día, Manuel Zelaya dijo que su esposa e hijos estaban a salvo asilados en diferentes embajadas.
Sin embargo, el resto de su gabinete y funcionarios no corrieron la misma suerte, puesto que el mandatario asegura que la canciller Patricia Rodas fue detenida esa misma mañana y aun la tienen en una unidad militar. Los embajadores de diferentes países fueron golpeados. Los medios de comunicación están intervenidos y censurados y, como si esto fuera poco, cortaron la electricidad en todo el país.
El destino de esta nación centroamericana aun es incierto. Este inesperado golpe de Estado desató una oleada de violencia en las calles de Honduras. La comunidad internacional reprobó la acción tomaba por el Congreso hondureño y piden la restitución del presidente Manuel Zelaya.