jueves, 16 de julio de 2009

Un laberinto de malas decisiones

Por Melissa Alvarez Barquero

“Herido de Sombras”, es la última obra literaria del escritor costarricense Mario Zaldívar, ganador del Premio Editorial Costa Rica en 1994.
En esta novela, el autor logra introducir al lector en la historia, sentir que conoce a los personajes y poder entender su manera de pensar y actuar.
Eran las cinco de la tarde, en el hospitalario bar Buenos Aires ubicado en nuestra ciudad capitalina. Un lugar que iniciaría todo el curso de esta historia.
Violeta Parini, una periodista de veintitantos años, con un cuerpo esplendoroso, de piel color tabaco, ojos verdes y cabello castaño se une al médico Pío Pablo Salinas, hombre con pasados setenta años; para continuar las investigaciones del científico costarricense Clorito Picado.
Picado trataba de demostrar la manera de generar anticuerpos contra la senectud precoz, por medio de una transfusión de sangre de una persona mayor a una joven, ambos de igual grupo sanguíneo, con el fin de que al formarse anticuerpos, el mismo organismo se defendiera de la vejez.
La periodista Violeta Parini con el grupo sanguíneo AB se ofrece como voluntaria, y para encontrar al donador, contactan a Mauricio España, escritor en el anonimato, de unos sesenta y cinco años, con melena gris y ojos cafés.
Violeta, quien mantenía una relación sentimental con el Dr. Pío Pablo Salinas, se siente atraída por el olvidado autor. Le gustaban los hombres mayores, y es así como comparte relaciones sexuales con ambos.
El escritor, acepta con la condición de que Violeta y el doctor le ayuden a avivar su carrera pretendiendo un secuestro falso, y de esta manera todos salen beneficiados.
La codicia, la ambición, la inagotable búsqueda de fama, todo en conjunto, es el hilo conductor de esta historia con un final inesperado.
Por una parte, Pío Pablo Salinas busca la fama, ya que al poder demostrar la validez de los estudios, su nombre se haría conocido por todo el mundo, y Violeta al cubrir las noticias, no sólo del experimento, sino también del “secuestro” del escritor se crea la fama de una periodista prestigiosa.
Mauricio España, con toda esta trama, lograría volver a la época más exitosa como escritor, cuando estaba en la boca de todas las personas y era un artista aclamado.
Todos tenían un interés, pero las complicaciones, cambiaron los planes de los personajes así como el rumbo de la historia.
La buena labor de Calibre, el detective, al ir juntando las piezas del rompecabezas en busca de la verdad, la estupidez de Mauricio España al confesar su plan a su hermana y a su abogado, y el temor en el doctor y en la periodista, hace que los últimos tomen la decisión de matar al escritor.
El perro del doctor, El Moro, quién se había encariñado con el escritor aparece junto al cadáver de Salinas y fue así como el detective une los cabos.
Finalmente, nos enteramos que Mauricio España, tenía sida y a la vez, por medio de las transfusiones concluimos que Violeta Parini, quién huyó a Ecuador sin conocer el desenlace de la historia, también. El doctor Pío Pablo Salinas cae en las manos de la justicia.
El mensaje de la novela, es que la búsqueda de fama por parte de los personajes, los ciega y los lleva a tomar decisiones precipitadas, que generan un mal resultado de sus planes.
Intrigas, misterios, sorpresas; todos son elementos que encontramos en “Herido de Sombras”, la última novela de Mario Zaldívar, que sin duda nos transporta a una historia que alterará todos nuestros sentidos.

martes, 7 de julio de 2009

VEINTICINCO METROS ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE


"EN RECUERDO DEL DÍA QUE UN ANGEL SE FUE AL CIELO"

Por Arleth Badilla


Es viernes por la mañana, la pereza me embarga al pensar que es mi último fin de semana de vacaciones sin embargo, nada me pudo hacer imaginar que se trataba también, del fin de semana más duro, difícil y triste que hasta el momento había pasado.
El día transcurre sin más de lo normal, a las cinco de la tarde mientras veo un programa de televisión, aparece en la pantalla un avance de noticias de un medio nacional.
De inmediato un colega informando sobre un accidente de tránsito ocurrido frente a Terramall, un hombre llora sobre el cuerpo de una joven quien evidentemente esta muerta, la cantidad de sangre que los cubre a ambos es más de lo que un cuerpo puede perder para seguir con vida.
Al instante salgo del cuarto, la imagen me impacta más de lo acostumbrado, le comento a mi mamá que los medios nacionales han perdido el respeto a la dignidad humana como dice uno de mis profesores.
Espero lo prudente y regreso al cuarto con el deseo de que haya finalizado el avance, pasaron dos o tres minutos, tomo asiento y continuo mirando mi programa.
Cinco minutos después suena el teléfono contesto rápidamente, es Nadia una amiga del colegio con la que hace varios días no hablaba.
- Na, ¿Cómo estás?
- Bien ¿Y vos?
- Super bien ¿Cómo va todo?
- Bien. Pasó algo.
- ¿Cómo paso algo? ¿Qué te pasa, por qué hablas así?
- Susana se mató, me dice sin rodeos.
Susana, una compañera y amiga del colegio acababa de ser atropellada por uno o dos carros no supo explicarme bien, en ese momento me quedo sin palabras y solo le pregunto ¿Fue en Terramall?
Sí y luego de decir un par de cosas más me corta el teléfono. Ese instante ha sido el más largo de mi vida.
Mi mamá y mi hermana me ven consternadas y me preguntan que pasa, no logro decir nada las lágrimas de inmediato se me vinienen a la cara.
No puedo explicar lo que siento, el corazón se me estremece y no puedo controlar el cuerpo, tiemblo como si estuviera muriendo de frío, la noticia me impacto a un punto que no me deja hablar.
Controlarme fue un poco difícil, pero luego de que lo conseguí tuve durante el resto de ese día y la noche pequeños lapsos en los que perdía el control de nuevo y estallaba en llanto, así transcurrió esa noche del día en que Su murió.
Al día siguiente desperté con el ánimo por el piso y recibiendo llamadas de todos mis amigos quienes se llamaban los unos a los otros haciendo correr la noticia que consterno a todo el cantón de Paraíso.
La noche llegó rápido y con ella la vela, pensé durante más de una hora fuera de la funeraria si entrar y mirarla muerta o recordarla por siempre como era.
Con esa sonrisa hermosa, su cabello rubio y lacio que le caía por los hombros y le daba junto con sus bellísimos ojos azul cielo esa apariencia de extranjera que tenía, pienso que era un angel.
Al final unos amigos me convencen de entrar y no postergar este momento que podría arrepentirme de dejar pasar, pues después del entierro de mañana aunque lo deseara no podría verla nunca más.
Adentro , observo al fondo y como si pareciera estar a kilómetros un ataúd de madera iluminado por una luz tenue, rodeado de flores de colores y con un crucifijo de plata en la pared. Creo que hasta ese momento caí en cuenta de que era verdad Su estaba muerta.
Hago una corta fila hacia el ataúd, a mi alrededor escucho ese cuchicheo característico de toda vela en la que la gente trata de hablar en vos baja pero como todos lo hacen a la vez al fin de cuentas no existe el silencio que se pretende mantener.
Por fin llega mi turno en la fila, dos pasos hacia delante y miro sus manos con un ramillete de girasoles en ellas y un rosario de oro colgando, luego dejo que mi mirada suba despacio tiene puesto un vestido blanco con encajes y una cadenita de oro en el cuello.
Suspiro despacio y cortado pues me falta el aire y la miro a la cara, de inmediato se me estremece todo el cuerpo, siento como las lágrimas que tenía atoradas en la garganta caen por mi rostro. Jamás pensé que el corazón pudiera doler hoy me duele hasta el alma.
De inmediato recuerdo un día de colegio en que me invitó a almorzar a su casa y como su mamá estaba trabajando ella preparó el supuesto almuerzo, un sándwich y una smirnoff, frente a ella miro como cada momento que pasamos juntas pasa frente a mis ojos.
Esto me pasó toda la noche, he recordado cada palabra, cada risa, cada cumpleaños que por cierto celebramos el mismo día 24 de mayo, así paso la noche de la vela.
Al día siguiente la iglesia decorada con flores blancas de todo tipo parece estar a punto de ser testigo de un matrimonio en lugar de un funeral, el féretro entrando en el templo abarrotado de gente es el inicio del fin de este horrible primer fin de semana de setiembre.
Unas palabras del padre junto con otras hermosas frases dichas por Catherine la hermanita menor de Susana describiendo a su hermana, le dan paso al fin definitivo en el cementerio a unas cuantas cuadras.
Ya en mi casa por fin tengo tiempo de leer los periódicos, los cuales difieren entre ellos en la edad de la fallecida pero coinciden en un detalle el motivo del accidente. Susana una joven estudiante de enseñanza especial de la UCR, puso sus sueños y su vida en manos de un puente peatonal que no quiso usar para cruzar la carretera aquella tarde.
Las fotografías e imágenes de los medios presentan un cuerpo ensangrentado en la autopista Florencio del Castillo detrás del cual se divisa a escasos veinte cinco metros ese puente peatonal que Susana no utilizo por algún motivo aquel día.

Las huellas del alma

Por Melissa Alvarez
Ocho meses han pasado desde que Angie Peraza, de 25 años, fue atacada junto con dos de sus compañeras luego de salir del trabajo. Hoy, espera el juicio que determinará el fin de esta trágica pesadilla.

Era la una de la mañana del martes 28 de octubre. Angie Peraza, deseaba regresar a casa para descansar luego de un largo día de trabajo en el casino White House en Escazú. La madrugada era fría, el viento soplaba con mucha fuerza.
-Buenas noches-, le dijo a sus compañeros de trabajo y tomó el bolso negry grande con sus pertenencias y se preparó para marcharse junto con dos de sus amigas.
Llegaría a la casa, su esposo la recibiría, comería algo y finalmente dormiría en la cama en que había deseado descansar durante todo el día. Pero sus planes cambiaron.
Luego de despedirse, Angie abordó el auto de una de sus amigas. En ese momento sólo podía pensar que ya pronto estaría en su casa, acostada viendo televisión para quedarse profundamente dormida y empezar así normalmente otro día; un día como cualquier otro.
-¡Nos vamos!-, le dijo a sus amigas. -¡Estoy cansadísima!
Su amiga toma el volante y se marchan del lugar.
No habían pasado los 100 metros, cuando el auto en que viajaban, un Toyota Echo dorado, con la placa 755994, fue interceptado por un carro blanco, en el cuál había dos tipos.
-¿Qué pasa? ¡Tomen nuestras pertenencias pero no nos hagan daño!,- gritó Angie con toda la fuerza que no sabía que su voz tenía.
El miedo, invadió su corazón, sus manos sudaban, sentía sus labios temblar. Los escalofríos se apoderaron de todo su cuerpo. Temía lo peor. Pedía a Dios que le ayudara, estaba muy asustada.
Los asaltantes, uno gordo y uno flaco, de mal olor, no podían controlar la situación y decidieron deshacerse de una de sus víctimas, esa fue Angie. Al llegar a un desolado lote la lanzaron del auto y le dieron dos disparos. Ambos tiros impactaron su cabeza. Angie sentía que se ahogaba en su propia sangre. Pensó en su hija.
-¿Cómo le van a decir que a su mami la mataron?
Ese pensamiento no salió de su cabeza. Pidió perdón a Dios por todos sus pecados, sintió por un momento que ya había muerto y recordó la sonrisa de hija al verla y decirle
-¡Mami!.
De pronto, escuchó un ruido y se percató de la situación.
-¡Estoy viva, AYUDA!
No sentía dolor, y con las pocas fuerzas que le quedaban se arrastró por la calle fría y sucia en busca de un buen samaritano que le diera una mano.
Se arrastró hacia los portones de las casas.
-¡AUXILIO, ayúdenme por favor!, suplicaba Angie.
Lamentablemente, los habitantes del lugar cegados por el miedo, decidieron no salir a rescatar a la joven muchacha, quien se quitaba la sangre de la cara con su abrigo.
Molesta por la cobardía de los vecinos, decidió seguir arrastrándose hasta que una mujer salió de su casa y le dijo:
- muchacha voy a ayudarte.
Inmediatamente, la señora llamó a la policía y a la ambulancia. Angie, consciente del acto de la mujer, le agradeció con todo su corazón.
Veinte horas más tarde, Angie, la joven madre, esposa y amiga, era operada en el Hospital México. Su familia no podía creer lo que había ocurrido.
Luego de la operación, miró a su alrededor, habían policías en su puerta, personas llorando. La pintura del cuarto era de un color claro y tenía algunas manchas. Entonces, recordó lo que había sucedido y preguntó:
-¿y mis amigas? ¿cómo están ellas?.
Los oficiales para calmarla, decidieron mentirle y sin más preámbulos le dijeron:
-Ellas están muy bien, sobrevivieron, no te preocupes.
Lo que Angie desconocía era que una de ellas había fallecido en el trágico incidente.
Pasaron cuatro días, en que las personas venían y salían de su cuarto, excepto por los policías, que siempre vigilaron con cautela la entrada de su habitación. Eso la hacía sentir segura. Inmediatamente le dieron de alta y un psicólogo habló con ella y le dijo la verdad:
-Yerlin murió.
Angie sintió un aire frío que recorrió todo su cuerpo y no hallaba explicación.
La joven regresó a casa con miedo de ser encontrada nuevamente por los salvajes que la intentaron matar. No pudo ver a su hija por quince días. El padre de la niña le dijo:
-“tu mami tuvo un accidente en carro”.
La niña preguntó con lágrimas en sus ojos:
-¿Y se murió?
El padre de la menor, quien una vez había compartido su vida con Angie, soltó sus lágrimas y le contestó que ella estaba bien, que mamita sólo había perdido un ojo.
Cuando la niña pudo ver a su mamá la abrazó, le dijo que la quería, y la madre le explicó toda la verdad, con el fin de que no se enterara de otra manera. Se abrazaron como si tuvieran años de no verse. Angie sintió nuevamente las fuerzas que necesitaba para vivir.
Las secuelas de esa madrugada fría, trágica del 28 de octubre son claramente visibles. Angie perdió su ojo derecho, así como dos de sus sentidos: el del olfato y el del gusto.
Hoy, luego de 8 meses, Angie continúa incapacitada, y asegura haber perdonado a los malhechores.
-“No les guardo ningún rencor”, asegura.
Espera con miedo el juicio que se realizará en contra de los asesinos.
-“tengo miedo de que me maten para que no hable”.
Lo único que le pide a Dios es que se haga justicia, y que no permita que estos hombres continúen haciendo el daño que le hicieron a ella, y a otras dos muchachas en esa noche fría del 28 de octubre.
Para ella, es injusto que las leyes continúen igual, y los asaltantes ni siquiera teman ir a la cárcel.
Mientras tanto ella, seguirá recordando cada momento de su ataque, en sus sueños, pesadillas que la atormentan y que espera algún día sacar para siempre de su vida.

viernes, 26 de junio de 2009

De bombetas y malas noticias de hospital

Por Andrea Morales
La gente, desorientada, miraba para todos lados buscando una respuesta ante el fuerte sonido que acababan de escuchar. Pronto se percataron del lamentable y terrible suceso.
La hermosa tarde soleada y despejada de la ciudad de los mangos, parecía oscurecerse ante el trágico suceso que estaba ocurriendo.
José Eduardo Acosta, menor, oriundo de Alajuela, salía de la escuela ayer por la tarde, en compañía de sus amigos.
El niño de cabello castaño y tez morena, de menos de un metro y medio de estatura y contextura delgada, se disponía a jugar a pocos metros de la escuela de Dulce Nombre, en San Isidro de Alajuela.
A poco menos de diez metros de la escuela, Acosta y sus compañeros encontraron una bombeta tirada en la acera.
-- ¡Esta es de la que usan en los turnos!, exclamó José Eduardo, mientras se preparaba para jugar con sus compañeros.
De repente, un fuerte sonido llamó la atención de los padres de familia que se disponían a recoger a sus hijos a la salida de la escuela.
-- ¿¡Qué es eso!? ¿Qué pasó?, se escuchaba a voces alrededor del centro educativo.
Por unos segundos, la gran dosis de adrenalina y el susto que este accidente le causó a José, le impidió llorar. Tenía sus ojos y boca abiertos en todo su esplendor, estaba notablemente asombrado. Enseguida, estalló en gritos y llanto.
Hincada sobre la acera, con el niño entre sus brazos estaba la mujer encargada de recogerlo al final de su día lectivo.
-¡Ayúdenme! ¡Que alguien llame a la ambulancia!, gritaba la mujer desesperada y con los ojos llorosos.
En seguida, uno de los padres de familia que presenció el incidente, llamó al 911 para informar el suceso. Veinte minutos después, llegaron los paramédicos en socorro de José.

Horas más tarde, salía de la fría de sala de operaciones del Hospital Nacional de Niños, un médico. Su prendedor de hospital, ubicado en la parte izquierda de la gabacha blanca, indicaba: Dr. Orlando Urroz.
-- ¿La Familia Acosta?, preguntó el joven y bien parecido médico.
Rápidamente, la madre de José, con un rostro de preocupación y desesperanza se levantó de la sala de espera y se acercó al doctor. Detrás de ella, el padre y la encargada del niño, se acercaron para escuchar el diagnóstico del médico.
Él, mirándolos fijamente a los ojos, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y con un gesto de tristeza les dijo:
-- Lo siento, hicimos lo que pudimos pero… –el Dr. Urroz aclaró la garganta, lamentablemente no pudimos salvarlo. José perdió su brazo derecho.
Parecía como su recién hubiera caído un balde con agua helada sobre los hombros de la familia. El padre, con un gesto neutro, abrazó a su esposa. Ella estalló en llanto. Con las mejores intenciones de calmarla, le habló al oído.
Pronto, la mujer limpió su rostro mojado. Del brazo de su esposo y de la niñera, más tranquila, se sentó nuevamente en la banca. Silencio, un profundo silencio embargó el lugar.
Ahora solamente esperarían el momento para entrar a ver a José y brindarle todo el apoyo que sólo una familia unida puede dar.
Esperan que este hecho no defina negativamente la vida del menor, quien con ocho años de corto recorrido y junto a su familia, está viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida hasta el día de hoy.

martes, 9 de junio de 2009

La nueva P de Periodismo

El llamado nuevo periodismo es una corriente periodística nacida en los años 1960 en Estados Unidos en el contexto de los cambios sociales y culturales que se vivieron en dicha época. Surgió a raíz de la publicación del libro "A sangre fría" de Truman Capote, novela de no ficción donde se combinaban elementos literarios con otros propios de la investigación periodística.
Los principales exponentes del nuevo periodismo fueron Tom Wolfe, Norman Mailer y Hunter S. Thompson.
Se caracteriza por aplicar recursos y técnicas de la literatura de ficción y otras corrientes consideradas hasta entonces incorrectas por el periodismo tradicional. Por este motivo, el nuevo periodismo supone una renovación en las formas de narración de reportajes, crónicas y entrevistas, combinando lo mejor de la literatura con lo mejor del periodismo.
Se distinguen así las dos claves básicas de la renovación periodística que pretende el movimiento.
  1. Dimensión estética: Los periodistas del género escriben sus reportajes para que se lean como si fueran relatos, utilizando diálogos de gran realismo, descripciones muy detalladas, caracterizaciones y un lenguaje urbano. Asimismo, el periodista asume mayor protagonismo que en el periodismo convencional, ya que da su visión personal de los acontecimientos, aunque intenta hacerlo de la forma más objetiva posible.
  2. Investigación: Intentan manejar la mayor información posible, salir a la calle y procurar estar en el lugar de los hechos. De igual modo, mantienen las mismas exigencias de precisión, verificación, objetividad e investigación del buen periodismo.

Tomado de Wikipedia